¿Nos basta con un amigo?

Illarramendi-Real-Madrid

Por José María Buceta.

En los últimos días, casi ha pasado desapercibido (para lo que suele ser el fútbol), el retorno de Illarramendi a la Real Sociedad. Solo dos años después de ficharlo el Real Madrid por treinta y muchos millones de euros (!), la Real lo ha recuperado por la mitad (!!!). El Madrid le fichó por ser uno de los jugadores jóvenes más brillantes, tal y como había demostrado en su club y en las selecciones nacionales de categorías inferiores. A sus 23 años, se le consideró un futbolista consolidado, llamado a ser el sustituto natural de Xabi Alonso, y se le contrató y recibió como a una estrella que sin duda triunfaría en el equipo blanco.

Sin embargo, nunca llegó a rendir como se esperaba de él, hasta provocar ese reciente viaje de regreso que deportiva y económicamente (excepto para la Real Sociedad) refleja un gran fracaso. Algunos han apuntado que no se le dieron suficientes oportunidades, o que no tuvo la continuidad apropiada para que cogiera confianza. Otros dicen que el desafío le vino grande y no fue capaz de superar el miedo escénico. Por unas causas u otras, pasó sin pena ni gloria, y cuando destacó fue más por sus malas actuaciones que por las buenas.

Sin entrar a valorar lo acertado o no de ese fichaje, lo que confirma este caso es que las habilidades técnicas (aquí, futbolísticas; en otros contextos, las que correspondan), por muy potentes que sean, no garantizan un rendimiento alto. Se puede observar muchas veces tanto en el deporte como en el ámbito laboral, los estudios, las relaciones interpersonales y cualquier otro contexto. Por muchas habilidades que se tengan, si física y mentalmente no se funciona a un buen nivel, el rendimiento empeora. En el deporte de élite se nota muchísimo, y más en un equipo grande, porque no basta con cumplir o jugar bien de vez en cuando, sino de rendir a un nivel muy alto todos o casi todos los días. Y no hay excusas. Aunque el entrenador no te dé la continuidad que te gustaría, tienes que hacerlo muy bien en el tiempo, poco o mucho, que estés en la cancha. Fuera del deporte, a veces sucede lo mismo: las condiciones ideales no existen: la clave está en adaptarse a las que estén presentes, gusten o no, para poder enfrentarse a los desafíos en las mejores condiciones psicológicas: las que aumentan la probabilidad del éxito.

Para algunas personas, adaptarse a un gran número de situaciones es fácil, aunque ¡ojo!, todos podemos toparnos con alguna situación que en principio nos venga algo grande, y entonces, si queremos gestionarla bien, lo inteligente es contar con ayuda. ¿Nos basta con un amigo? Para otras personas, la adaptación es más difícil, sobre todo cuando se trata de situaciones de exigencia elevada en las que uno se juega mucho; y más aún, si son muy diferentes a las que se estaba acostumbrado. Este puede ser el caso de Illarramendi. El cambio fue brutal: se le exigió muchísimo, como correspondía al montante de su fichaje y al club en que ahora jugaba; además, no tenía la continuidad de antes; y, seguramente, se sentía obligado a demostrar lo que valía cada vez que salía al campo. No lo hacía illarramendibien; recibía críticas que antes no le llegaban; su ansiedad aumentaba; lo hacía peor; se debilitaba su autoconfianza; cada vez contaban menos con él; etc. No es el primer caso, ni será el último; tampoco en otros contextos. Muy posiblemente, los que leáis este artículo conocéis casos similares propios o ajenos.saf cambio brutal, necesitan adantera. ces habr, ue necesitamos ayuda para enfrentarnos a los desaf cambio brutal, necesitan ada

Lo que llama la atención en este caso es que, muy probablemente, a pesar del elevado coste de la operación, este jugador no haya tenido el apoyo profesional que necesitaba para enfrentarse a una situación que le ha venido tan grande. Seguro que ha contado con la ayuda de personas del club para buscar piso, comprar lo que le hiciera falta, arreglar el coche, atender a su familia y sus amistades, sacar entradas para algún concierto, buscar un peluquero para su perro (si lo tiene) y cualquier otra necesidad material. Si se ayuda a solucionar las necesidades de los jugadores, estos se encuentran más cómodos y pueden centrarse mejor en lo futbolístico, y por eso, los clubes de este nivel ponen a disposición de los futbolistas personas que les resuelven las cosas. Pero ¿es suficiente? También habrá habido personas del club o muy cercanas que habrán animado al futbolista en los malos momentos, y más de una cena habrá caído para intentar aportarle apoyo y confianza. Pero esos remedios caseros propios del amigo, si bien funcionan en algunos casos, suelen ser insuficientes cuando se trata de un problema que necesita atención profesional.

Si hubiera estado mal físicamente, ¿habría bastado con que unos amigos se lo llevaran a la montaña a correr unos kilómetros? ¿o le habrían puesto en manos del preparador físico? Este es un caso claro en el que parece haber faltado el psicólogo del deporte. En un equipo, una de las principales funciones que puede tener un psicólogo es ayudar a los jugadores que afrontan un cambio brutal, de gran exigencia, y necesitan adaptarse y rendir a alto nivel sin que la situación los devore. Illarramendi tenía muchos amigos, pero al parecer, ninguno de ellos era el profesional que necesitaba para gestionar exitosamente una situación que ha acabado con él en este proyecto.

Es evidente, que por bastante menos de los veinte millones que el Madrid ha dilapidado en esta operación, podría haber puesto a disposición del jugador a un psicólogo del deporte. Eso no habría asegurado que el jugador triunfara, como tampoco lo ha asegurado que tuviera un prestigioso entrenador y múltiples especialistas alrededor, pero habría sido mucho más probable. Por muy grandes que seamos, hay momentos en los que necesitamos ayuda psicológica para enfrentarnos a los desafíos que podrían superarnos. Y no somos más débiles por reconocerlo, aceptarlo y ponernos a ello; pero sí más estúpidos por ignorarlo y no poner remedio. ¿Nos basta con un amigo?images-33

José Maria Buceta

Autor: José Maria Buceta

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