Anorexia y bulimia en el ámbito deportivo

11002494_1548071562107252_2280063136507012293_n    Por Arturo Alba.

Tanto en la esfera de la actividad física en general, como específicamente en el deporte de competición pueden presentarse o desarrollarse conductas alimentarias anómalas como consecuencia de la propia práctica deportiva. En el presente artículo abordaremos dos problemas en particular, la anorexia y la bulimia, que aunque evidentemente no son dos trastornos que se circunscriben al ámbito deportivo, si son problemas que cada vez con más frecuencia se presentan en sus distintos niveles de participación.

La anorexia nerviosa es un trastorno psicobiológico que comporta un gran miedo a estar obeso, que no decrece en la medida en que el peso disminuye, así mismo incluye alteraciones en la imagen corporal, percibiéndose el propio cuerpo como obeso aun no estándolo y por supuesto, pérdida de peso de al menos el 25 por 100 del que correspondería a la edad y estatura de la persona afectada. La anorexia es una afección grave que empeora gradualmente debido a que la persona no considera su caso como anormal. Puede provocar inanición, complicaciones médicas como las dolencias 10991297_1548071998773875_3099076078386313052_ncardíacas, e incluso la muerte.

 

Por su parte, la bulimia se caracteriza por episodios recurrentes de ingesta rápida de gran cantidad de comida en un periodo discreto de tiempo y aparente falta de control sobre la conducta alimentaria durante los episodios de voracidad. Existe una conciencia de la anomalía por parte de la persona, y por lo regular se acompaña de un estado de ánimo deprimido a causa de su baja autoestima y manifiesta pensamientos autodesaprobatorios a continuación de los atracones. Es así que se siente culpable por haber comido y se provoca el vómito o toma laxantes para purgarse. La bulimia puede provocar anorexia y aproximadamente la mitad de los pacientes con anorexia nerviosa presentan, además, síntomas de bulimia.

 

 

LOS TRASTORNOS Y LOS NIVELES DE PARTICIPACIÓN DEPORTIVA.

 

En primer termino, es conveniente diferenciar aquellas personas que realizan actividad física con regularidad, pero que su interés no es la participación deportiva propiamente dicha o el aspecto competitivo de la misma. En este ámbito se incluyen los programas de ejercitación o acondicionamiento físico en general. Los mismos pueden ser programas establecidos por centros, instituciones o clubes deportivos o bien el individuo pude acceder a la actividad física entrenándose por su cuenta.

Desde la perspectiva anterior, uno de los principales motivos por los que las personas participan en programas de acondicionamiento o ejercitación física tiene que ver con la reducción de peso. Sin embargo,  la realidad es que a pesar que un gran número de personas cree tener sobrepeso, menos de la mitad de los que refieren tal motivo realmente lo tienen. Aunque es conveniente cuidar el peso, no debería ser este el único motivo para decidirse a realizar  ejercicio físico. Igualmente resulta importante el considerar que la inactividad puede afectar por ejemplo la mineralización de los huesos, haciendo que lleguen a ser muy frágiles o bien producir una atrofia en el tejido muscular, que será mayor en la medida que aumente la inactividad. Así mismo, el ejercicio físico puede hacer  disminuir la incidencia de alteraciones respiratorias como bronquitis y neumonías y también puede ser muy positivo en los programas de tratamiento de asma. Además el ejercicio puede reducir el riesgo de hipertensión; en fin, podríamos enlistar una gran variedad de beneficios al practicar ejercicio físico con regularidad, lo cual no es nuestra principal intención, más bien lo que deseamos resaltar es que pese a existir otros motivos relevantes por los cuales interesarse al momento de decidirse a realizar ejercicio, el preferido es la reducción de peso. Lo anterior tiene muchas veces que ver en la manera en como nuestra cultura intenta promover la práctica del ejercicio y de cómo en los medios de comunicación se presentan los prototipos de una imagen bella o saludable.bu

Si bien es cierto que una de las pocas medidas que contribuyen a una progresiva pérdida de peso a largo plazo, es la realización del  ejercicio físico, es conveniente que los instructores, entrenadores o promotores deportivos adecuen las expectativas de los participantes, mostrándoles las diversas ventajas de las actividades  físicas programadas, reduciendo el interés exclusivo por la reducción de peso. Al final de cuentas, el peso por si mismo, no nos dice mucho, y más bien   el porcentaje de masa grasa, es el índice más utilizado para evaluar la composición corporal de una persona. En términos generales los porcentajes óptimos de grasa corporal son menos del 15% en los hombre y del 22% en las mujeres. Se consideran obesos los hombres y las mujeres que tienen más del 25% y el 33%  de peso graso, respectivamente.

 

Es entonces que el objetivo de un programa de acondicionamiento físico no será siempre la reducción de peso. Todo dependerá, de las expectativas del participante y de su composición corporal. De una u otra forma, la actividad y/o el ejercicio físico pueden constituir un interesante objetivo por parte de las personas sedentarias que desean fortalecer su salud, prevenir enfermedades, mejorar su apariencia física, incrementar el rendimiento físico y psicológico en diferentes aspectos de su vida, o simplemente aumentar el bienestar general y el disfrute de las actividades realizadas. Es así que los responsables de los programas de ejercitación, tendrán que ser cuidadosos con las indicaciones o señales que dirijan a sus discípulos, ya que incluso de manera involuntaria pueden favorecer comportamientos alimentarios inadecuados. Indicaciones como: “Te ves muy bien estando delgada” o “sigue así y tendrás un cuerpo perfecto”, en personas con baja autoestima o con un concepto inadecuado de la autoimagen, pueden contribuir a que tengan una preocupación desmedida por la apariencia física y un gran temor por el aumento de peso, ya que : “Si no logro estar delgada…me veré fatal gorda” o bien “ si no puedo tener un cuerpo perfecto, no tendré la aprobación de los demás”. Lo anterior puede favorecer patrones de conducta  alimentaria anómala.

 

Por otra parte tenemos a los interesados en la participación deportivo-competitiva, que si bien muchos aspectos de desarrollo de los problemas alimentarios en esta esfera pueden coincidir con la dinámica presentada en líneas arriba, como por ejemplo el desmedido interés por la reducción de peso y como consecuencia de ello la adherencia de los individuos a programas de entrenamiento físico. No obstante, en lo que se refiere al deporte competitivo, son las exigencias de este, las que pueden inducir los trastornos referidos. Es así que, los deportes en los que resulta más relevante considerar los aspectos psicológicos en la alimentación del deportista, serán aquellos en los que existe presión por perder peso o mantener un peso bajo. Identificamos aquí diferentes niveles de participación:

 

Deportes que establecen categorías por peso. Tenemos aquí deportes como el box, la lucha y algunos tipos de artes marciales.  En algunas ocasiones estos deportistas recurren a decrementos drásticos del peso ya sea mediante la reducción de ingesta de alimentos o mediante la perdida de líquidos para poder superar el control de peso y competir en una determinada categoría. Así, algunos atletas recurren por ejemplo a la utilización de diuréticos, laxantes o al empleo de saunas y/o baños de vapor. Sin embargo, no solo puede afectar el rendimiento a corto plazo, sino además afectar la salud del individuo, sobretodo si esto se convierte en una práctica regular.

Deportes en los que un peso bajo puede favorecer un mejor rendimiento deportivo. En la gimnasia por ejemplo, el ser ligeros puede resultar beneficioso para el desarrollo de los movimientos, o en el atletismo, mantener un porcentaje bajo de grasa corporal, puede significar una mejor marca. Lo anterior puede traer como consecuencia que los atletas se vean motivados a continuar con la reducción de peso, sin embargo, la perdida de peso puede llegar a tal grado que se tengan efectos contraproducentes para la salud y el rendimiento del deportista. Por ejemplo, 11001752_1548071558773919_3579575644077543564_nEmpeoran las marcas, se produce una fatiga constante y se tarda más tiempo en recuperarse de las lesiones.

Deportes en los que resulta importante una buena presencia física. Aquí tenemos disciplinas en donde una figura delgada o atractiva ante los jueces puede influir en la valoración para un  determinado resultado, tal es el caso del nado sincronizado, el patinaje artístico, y una vez más podríamos incluir a la gimnasia. Así mismo aquí se incluyen deportes en donde la exposición del cuerpo queda expuesta, como por ejemplo los clavados y la natación.

Si bien la clasificación anterior es un tanto arbitraria, la misma nos permite dirigir nuestra atención hacia aquellas modalidades deportivas más susceptibles de presentar trastornos de tipo alimentario. Así  tenemos por ejemplo que en disciplinas enmarcadas dentro de la última categoría referida, la incidencia de problemas es muy alto.

 

 

PRINCIPALES CONSIDERACIONES PARA EL MANEJO DE LOS TRASTORNOS.

 

El tratamiento de personas que presentan alteraciones en la conducta alimentaria, ciertamente compete a expertos en la materia como psicólogos, médicos especialistas, nutriólogos o dietistas, según sea la competencia de su intervención. Sin embargo, también es cierto que en el ámbito de la actividad física y deportiva, los entrenadores o instructores están en una posición inmejorable para identificar, prevenir e incluso contribuir en la mejora de patrones y hábitos alimenticios. Es así que, lo importante aquí es que dichas personas significativas para los deportistas, tengan conocimiento de las principales características de los problemas de conducta alimentaria, y en el caso que aquí nos ocupa, de la anorexia y la bulimia. A continuación se incluyen algunos aspectos que son importantes considerar para identificar comportamientos asociados con los problemas referidos, así como algunas recomendaciones fundamentales que permitan solventar la situación.

 

  • El 95 % de la población que padece anorexia son mujeres y la mayor frecuencia de casos se da a partir de los 12 años y hasta los 22. Lo anterior sin lugar a dudas coincide con la vida deportiva en muchas atletas, por lo menos en su manifestación a un alto nivel de rendimiento. Así mismo, debemos de observar el porque no es de extrañar que en deportes como la gimnasia, clavados e incluso la natación, existen mayor numero de casos reportados, ya que en dichos deportes, los atletas se encuentran en su “clímax deportivo” al momento de ser mas vulnerables.

 

  • Aunque las principales manifestaciones de los trastornos en la ingesta de comida son físicos, estos están impulsados por factores psicológicos. La baja autoestima y niveles elevados de estrés con respecto al logro de objetivos o a complacer a los demás, son factores que se encuentran con mucha frecuencia presentes en los deportistas que presentan el trastorno. Es entonces que, los entrenadores deben ser cuidadosos al momento de exponer a deportistas con tales caracteristicas a altas exigencias sin la preparación adecuada.

 

 

  • En deportes en donde se concentra al deportista previo a una competición, o en actividades en donde se programen campamentos de entrenamiento, es conveniente observar ciertas pautas inusuales en la ingesta de comida, ya que podemos encontrar indicadores de problemas. A menudo, los anoréxicos escarban en su comida, la colocan alrededor del plato, toman principalmente alimentos de bajo contenido en calorías y mienten sobre lo que comen. En cuanto a los bulimicos, -que se da en menor frecuencia en el terreno deportivo- estos esconden comida y después de comer desparecen para poder en muchos de los casos purgar lo que acaban de ingerir.

 

  • Algunos otros indicadores son de carácter físico, muchos de los cuales son de difícil observación y solo a través de una cuidadosa evaluación médica pueden ser percibidos. Por ejemplo: amenorrea, hinchazón de las glándulas salivales, color amarillo en las palmas de las manos o en la plantas de los pies, callos en los nudillos o en la parte posterior de la mano a causa la inducción de vómitos, hipoglucemia, calambres, enfermedades estomacales, dolores de cabeza, mareos, debilitamiento y por supuesto perdida o fluctuaciones en el, peso.

 

 

  • El entrenador directamente puede percatarse de algunos indicadores de carácter psicológico o bien recurrir a compañeros del deportista en cuestión de manera muy sutil para indagar sobre señales relacionadas con los trastornos. Estos indicadores de tipo comportamental incluyen: ejercicio excesivo que no forma parte del programa normal de entrenamiento, sentimientos de culpa acerca de la comida, evitación a comer en público, negación del hambre, frecuencia en la acción de pesarse, poseer       fármacos, como píldoras para, adelgazar, laxantes o diuréticos, sensación de gordura, a pesar de la actitud tranquilizadora de los demás con respecto al peso. Si un entrenador o instructor deportivo identifica a alguien que presenta las características       descritas, es recomendable que solicite el apoyo de un especialista en la materia.

 

  • En su quehacer cotidiano el entrenador puede llevar a cabo acciones especificas para la promoción de conductas saludables. Las mismas no tienen que ser la aplicación de procedimientos complejos o laboriosos, puesto que no esta dentro de su rol intervenir con profundidad, sobre todo cuando el problema esta consolidado o ha llegado a limites que incluso para un especialista resulta muy difícil su intervención. Sin embargo, no significa que su papel no sea relevante, por el contrario, muchas de sus acciones pueden ser altamente beneficiosas para sus deportistas. Veamos algunas de ellas:
    1. Ajustar las expectativas de los participantes en los programas de ejercitación física o entrenamiento deportivo, resaltando beneficios como la mejora en la salud integral, comportamientos pro-sociales como la convivencia, mejora del rendimiento laboral, académico, etc.
    2. Mejorar la autoaceptación personal, haciéndola independiente de los logros deportivos y reducir el énfasis a las señales externas de éxito como la obtención de reconocimientos, trofeos, dinero, etc., ya sea como consecuencia de la mejora de la imagen corporal, forma física, o la obtención de un determinado resultado. Aunque con la mayoría de los deportistas lo anterior no puede ser un problema, en personas con baja autoestima, lo anterior puede resultar una amenaza.
    3. Reforzar comportamientos alternativos como progresos personales en la mejora de la técnica, la disposición por entrenar con esmero, el esfuerzo realizado en una sesión, etc.
    4. Evitar estar pesando constantemente a los deportistas.
    5. Evitar burlarse por su aspecto físico, o realizar comparaciones con otras en función de su imagen corporal. Así mismo evitar emplear apodos alusivos al aspecto físico.
    6. Evitar preferencias de deportistas en función de su aspecto físico. Aunque la forma física es importante en los deportes, esta no debe ser sujeta a controles estrictos de carácter alimentario. En lugar de drásticas dietas, una adecuada preparación física resulta más relevante al momento de intentar mejorar el aspecto físico.

La anorexia y la bulimia, son problemas serios que requieren un cuidadoso seguimiento. En particular el anoréxico no reconoce el problema, lo que se traduce en una gran dificultad para modificar los comportamientos inadecuados. El entrenador o educador físico, no debe esperar que con tan solo reprender o llamar la atención sobre los comportamientos anómalos, será suficiente para producir cambios favorables. Por el contrario, lo anterior puede resultar contraproducente y afectar aspectos tan importantes como la relación entrenador – atleta. Es por ello que las recomendaciones que hemos presentado aquí, son de un carácter un tanto indirecto, pero que han probado su efectividad para atenuar las pautas y tendencias negativas de las personas con un perfil que los puede llevar a agravar el trastorno de tipo alimentario.

 

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